lunes, 22 de octubre de 2012

Novedades del Barómetro Social de España (Colectivo Ioé)

El Coletivo Ioé renueva la web del Barómetro Social de España:



"Después de cuatro años on line nuestra web se remoza. Por una parte le lavamos la cara para presentar un nuevo estilo, manteniendo toda la información de las series de indicadores e índices desde 1994.

Podrás seguir consultándola en línea (utilizando el menú de la izquierda) o descargar los ficheros de hoja de cálculo, lo que te permitirá operar con datos y gráficos, así como introducir tus propios criterios de ponderación..

A partir de este momento la actualización de indicadores no se hará sólo una vez por año. Con el fin de ganar agilidad incorporaremos los nuevos datos a medida que se vayan publicando, aunque la actualización de los índices sintéticos sólo se hará cuando exista suficiente información.

Desde ahora la web contará con esta sección de “Novedades” en formato blog. Aquí encontrarás breves comentarios y análisis derivados de los indicadores del Barómetro o de otras fuentes que permitan informar y generar debate acerca de los cambios sociales ocurridos en el país. Si alguno de ellos te resulta de interés podrás reenviarlos a tus contactos en Facebook o a tus seguidoras en Twitter.

Para facilitar su lectura tienes la posibilidad de suscribirte (botón RSS, arriba a la izquierda) para recibirlas cómodamente en tu correo electrónico. Además, si lo estimas oportuno, podrás publicar tus comentarios.

Esperamos que, con vuestra colaboración, el Barómetro siga siendo un a herramienta útil para una amplia comunidad de personas y colectivos sociales.

Un cordial saludo,

martes, 11 de septiembre de 2012

Texto: La ocupación del lenguaje


Eva Vázquez


Actualmente la derecha acapara un inmenso poder político y económico. Pero además de imponer en toda su radicalidad el modelo neoliberal, trata de operar un cambio de mentalidades que lo normalice y con ello ejercer la hegemonía cultural mediante el control de las representaciones colectivas. Este proyecto se sustenta en una campaña sistemática de autolegitimación y descrédito de los argumentos progresistas, en coordinación con la derecha mediática mayoritaria, cuyas estrategias discursivas fundamentales son:

La creación y propagación de conceptos. Propias o prestadas, las nuevas nociones trazan un mapa de la vida pública, sus actores y sus conflictos: competitividad, moderación salarial, dar confianza a los mercados, privilegios (para denominar derechos), copago. Se exponen como verdades incuestionables pero su sentido y alcance nunca se explicitan, pues parecen lograr mayor eficacia práctico-política cuanto menor es su precisión semántica. Por ejemplo, “libertad” asume un significado muy cercano a “seguridad”. El eslogan de la BESCAM en Madrid lo ejemplifica: “Invertir en seguridad garantiza tu libertad”. Como en la “neolengua” de Orwell, las nuevas nociones son a menudo “negroblancos”, inversiones del significado común de los vocablos. El “Plan de Garantía de los Servicios Sociales Básicos” es el programa de recortes del gobierno de Castilla-La Mancha. El “proceso de regularización de activos ocultos” de Montoro es una amnistía fiscal. Klemperer narra que la población alemana no hizo suyo el lenguaje de los nazis a través de sus tediosas peroratas, sino por medio de expresiones repetidas de modo acrítico en los contextos de la vida cotidiana. Las palabras de los actuales líderes de la derecha no son menos letárgicas. Sus muletillas (“no se puede gastar lo que no se tiene”; la sanidad “gratuita” es insostenible; solo nosotros tenemos “sentido común”) contrarían cualquier prueba de verdad o validez normativa: el capitalismo financiero se basa en el crédito, o sea, en “gastar más de lo que se tiene”; la sanidad pública no es gratuita, sino financiada colectivamente; y es una inversión ideológica y un dislate suponer que cabe sentido común en el hecho de reclamarlo como propio y exclusivo, es decir, como no común. Pero por su simpleza, su fuerte arraigo en la doxa y su apariencia no ideológica, tales expresiones consiguen adhesión.

La usurpación de la terminología del oponente. Nadie es dueño del lenguaje, pero las expresiones se adscriben legítimamente a tradiciones, relatos e identidades políticas determinadas. Al usurpar los términos de la izquierda, la derecha neutraliza y a la vez rentabiliza su sentido contestatario. Esperanza Aguirre afirma que las políticas de los sindicatos “son anticuadas, reaccionarias y antisociales”. Palabras como “cambio” o “reformas”, antes vinculadas a proyectos progresistas, disfrazan ahora contrarreformas. Rajoy dijo en la conmemoración oficial de la Constitución de 1812: “Los gaditanos nos enseñaron que en tiempo de crisis no solo hay que hacer reformas, sino que también hay que tener valentía para hacerlas”. Sustentándose en la reputación de espacios y tiempos institucionales, los actuales recortes se invisten del valor simbólico de reformas históricas.

La estigmatización de determinados colectivos. Médicos, enseñantes, funcionarios, estudiantes y trabajadores fijos son descalificados. Al disfrutar de supuestos “privilegios”, parecen co-responsables de la situación actual. Desprestigiándolos se puede activar un malestar social basado en el rencor, la envidia y el miedo, y socavar la reputación de lo público para justificar su liquidación. Se alude a los desempleados como beneficiarios de la reforma laboral, pero se les supone holgazanes que deben redimir su inutilidad con labores sociales. Un empresario farmacéutico, Grifols, propone como solución donar sangre: “En épocas de crisis, si pudiéramos tener centros de plasma podríamos pagar 60 euros por semana, que sumados al paro son una forma de vivir”. El parado se convierte así en un desecho cuyo cuerpo puede ser mercantilizado. El siguiente paso podría ser la venta de órganos o de los hijos a los que no se pueda mantener. Los primeros ajustes en la sanidad pública penalizan a un nuevo apestado, el enfermo, lo señalan como causante del déficit, y exigen que (re)pague por su debilidad. Si la estigmatización es el paso previo a la expulsión, como ya ocurre con los sin papeles, otros muchos colectivos podrán ser excluidos.

Un método de argumentación basado en la simpleza y la comprensión inmediata. De nuevo, el “sentido común”, ritornellofavorito de Rajoy, sustenta este procedimiento. Formas de razonamiento y esquemas mentales al alcance de todos hacen posible que las ideas y soluciones impuestas sean aceptadas como conclusiones propias, expresiones de un pragmatismo irrefutable y del interés colectivo. Se apela así a espacios imaginarios de consenso de los que el oponente no puede autoexcluirse: “No es una cuestión de izquierdas o de derechas, sino de sentido común”, afirma Alicia Sánchez-Camacho. El eufemismo, la atenuación y la exageración, el defender premisas contradictorias, se han normalizado en el repertorio retórico derechista: Rajoy afirma que hará “cualquier cosa que sea necesaria, aunque no me guste y aunque haya dicho que no la iba a hacer”. La reducción de profesores interinos “no se puede plantear en términos de despidos —alega el ministro Wert—, sino de no renovación de contratos”. Beteta generaliza burdamente: los funcionarios “deben olvidarse de tomar el cafelito, deben olvidarse de leer el periódico”.

La construcción de marcos de sentido. La acción del gobierno de Zapatero era tachada de improvisada, mendaz e insensata. Establecido ese marco, cualquier medida gubernamental corroboraba la imputación general y así se lograba una incontrovertibilidad que desconocen las fórmulas dialogantes. En el espacio público se tiene más poder cuando se controla el marco de lo decible y discutible. La derecha es magistral utilizando esta estrategia, pero tras una prolongada degeneración de la vida pública, de la que el PSOE es corresponsable, se ha consolidado una visión consensual indistinta de la lógica del sistema: no hay más que una realidad y ninguna opción para interpretarla.

Una táctica de “orquestación”. La reiteración machacona de una consigna (y no de un argumento, como sugiere la equívoca noción de “argumentario”) a varias voces, en momentos y lugares distintos, es habitual: “los interinos han entrado a dedo”, “los sindicatos viven de las subvenciones”, “los profesores trabajan poco”, etcétera. “Lo que digo tres veces es verdad”, afirmaba el Bellman de Lewis Carroll. La derecha saca partido de esa “performatividad” que rige la economía de los enunciados públicos: cuando un comportamiento es reiteradamente reputado de normal, se tiende a normalizarlo; o a estigmatizarlo, si se le ha tildado repetidamente de anómalo.

La fijación de estos mecanismos gracias al poder amplificador de los media. Los medios funcionan como laboratorios discursivos que difunden las nuevas expresiones y consignas, y los asesores preparan declaraciones inmediatamente traducibles a un titular. Inversamente proporcional al impacto de estos mensajes resulta la capacidad de contestarlos: los análisis críticos se disuelven en un aluvión de artículos, columnas y editoriales que logran una difusión e influencia mucho menor.

La moralización del discurso público. La política contemporánea se desvía hacia un registro moral, explica Rancière. Pero el moralismo de la derecha desconoce las razones del otro: bueno o malo, normal o aberrante, son calificativos atribuidos de modo categórico y sin margen de discusión, apropiándose la universalidad de la noción en disputa, como señala Zizek. Las “personas normales, sensatas…, españoles de bien” a que apela Rajoy son indudablemente de derechas. Cuando encubre su integrismo moral la derecha incurre en la paradoja política: Ruiz Gallardón pretende asumir la defensa de los derechos de las mujeres y la lucha contra la “violencia estructural” que padecen con una contrarreforma de la ley de aborto limitadora de derechos y que refuerza la violencia legal. Muchos ciudadanos nos sentimos justamente indignados por lo “descarado” de estos procedimientos. Y quizá sea en esa desfachatez, pérdida del rostro, donde podría cifrarse tanto su fragilidad como la inquietante capacidad de contagio de sus postulados.

Gonzalo Abril (UCM), Mª José Sánchez Leyva (URJC) y Rafael R. Tranche (UCM).

sábado, 28 de julio de 2012

Último número de Youkali: ¿Derecho?

Youkali, nº 13, 2012, monográfico sobre ¿Derecho?, con un pequeño Dossier sobre Foucault elaborado por David J. Domínguez González y Miguel Alhambra Delgado.


ÍNDICE:


¿Derecho?

- Carlos Rivera Lugo:  El tiempo del no-derecho      
- Juan Domingo Sánchez EstopDel intercambio entre iguales a la deuda
- Montserrat Galcerán Huguet: Estado, delito y nuevos derechos sociales
- Virgilio Zapatero: En torno a E. B. Pašukanis

Miscelánea
- DOSSIER FOUCAULT:
·         David J. Domínguez González y Miguel Alhambra Delgado :El hilo rojo de Foucault. Notas para una introducción al dossier
·         Alain BrossatPlebe, política y acontecimiento

Elementos de producción crítica
·         Paula Winkler: Tributo a Adrienne Rich (in memoriam)
·         Montserrat GalceránAdrienne Rich - Hasta siempre

Análisis de sentidos / reseñas:

Un clásico, un regalo


miércoles, 25 de julio de 2012

Entrevista a Langdon Winner en Teknokultura

Una interesante entrevista a Langdon Winner, estudioso de la Ciencia y la Tecnología, en la revista Teknokultura (Vol. 8, nº 2, 2011), por Andrés Lomeña:

http://teknokultura.net/index.php/tk/article/view/15/pdf

No está de más recordar ese texto suyo fundamental que cuestiona el "dogma de la neutralidad tecnológica"  (el típico tópico: "la tecnología es neutra, todo depende del uso que se le dé") señalando que los artefactos tienen en sí mismos cualidades/propiedades políticas: ¿Tienen política los artefactos?

Como complemento, una entrevista que le hizo Javier de la Cueva para la serie de entrevistas 15M.cc - Dormíamos, despertamos en noviembre de 2011.

martes, 24 de julio de 2012

Colectivo IOÉ: Talleres para el curso que viene

Tras la primera tanda de Talleres realizada este curso (1. Desigualdad y exclusión social, 2. Inmigración), el Colectivo Ioé sigue celebrando su 30 aniversario con más Talleres para el curso que viene:

Taller 3: Educación, infancia y juventud (4 de octubre – 22 noviembre)

Taller 4: Mujer y relaciones de género (29 noviembre – 24 enero 2013)

Taller 5: Salud, discapacidades, cuidados (31 enero – 28 febrero)



LUGAR Y PROGRAMA
Las sesiones tienen lugar en la nueva sede de Colectivo Ioé, C. Montera, 10, 3º, 7, 28013 Madrid (Metro Sol). Cada taller se desarrolla en 15 horas presenciales, distribuidas en 5 sesiones (los jueves, de 18 a 21 horas) de acuerdo con el programa que se recoge más adelante y en www.colectivoioe.org.


INSCRIPCIÓN
Un taller (cinco sesiones) 175 €
Dos talleres (diez sesiones) 300 €
Tres talleres (quince sesiones) 400 €


Los talleres se pueden escoger conjuntamente o por separado, aplicándose una rebaja del precio si se escogen varios. Además, los participantes pueden obtener una rebaja del 10% en “boniatos” (moneda del Mercado Social de Madrid), si se inscriben o forman parte de dicho Mercado (http://konsumoresponsable. coop/mercado-social-madrid).


Por email: madeprada@colectivoioe.org
Más información en el teléfono: 91 531 01 23

martes, 10 de julio de 2012

Pequeña bibliografía de Ángel de Lucas


Siguiendo con la entrada anterior, un pequeño homenaje al sociólogo español Ángel de Lucas Matilla (1929-2012), fallecido el pasado 27 de junio.

Informes:


Lucas, Ángel de y Ortí, Alfonso (1983): Representaciones colectivas de la mujer y la familia (un análisis de las actitudes sociales ante el aborto mediante discusiones de grupo), Madrid: Centro de Investigaciones sociológicas (Estudio 1394).

González Rodríguez, Juan Jesús; Lucas, Ángel de; Ortí, Alfonso (1985): Sociedad rural y juventud campesina: estudio sociológico sobre la juventud rural 1984, Instituto de Estudios Agrarios, Pesqueros y Alimentarios.



Artículos:

Lucas, Ángel de (1988): "Publicidad e ideología", en Cuadernos Contrapunto, nº 6, octubre, pp. 21-27.

Lucas, Ángel de (1990): "Fantasmática de la publicidad", en Cuadernos Contrapunto, nº 8, octubre, pp. 64-76.

Lucas, Ángel de (1994): "Los Censos de 1991: un test para la democracia española", Economía y Sociedad, nº 10, pp. 11-23.

Lucas, Ángel de (1994): "A la memoria de Jesús Ibáñez, pionero en España de la Sociología crítica" (presentación), Política y sociedad, nº 16 (monográfico sobre Sociología del Consumo).

Lucas, Ángel de (1994): "Sociedad de consumo o sociedad de mercado: el caso de las comunidades Kula", Política y sociedad, nº 16 (monográfico sobre Sociología del Consumo).

Lucas, Ángel de y Ortí, Alfonso (1995): "Génesis y desarrollo de la práctica del grupo de discusión: fundamentación metodológica de la investigación social cualitativa", Investigación y Marketing, nº 47, Marzo, 1.995, Barcelona, AEDEMO.


Otros materiales de Ángel de Lucas (para el curso Praxis de la Sociología del Consumo):

Lucas, Ángel de (1998): Primera tópica freudiana, febrero 1998 (apuntes didácticos, formato .zip), en la web del curso Praxis de la Sociología del Consumo.

Lucas, Ángel de (s.f.): Diseños muestrales: representatividad estructural del universo simbólico (Guión didáctico, formato .zip), en la web del curso Praxis de la Sociología del Consumo.


Otros materiales sobre Ángel de Lucas:

"Ángel de Lucas", por José Luis Moreno Pestaña, en Hexis. Filosofía y sociología (blog)30 de junio de 2012.

"Ángel de Lucas: maestro de la escucha", por Javier Callejo Gallego, en elpulso.es, 5 de julio de 2012.

"Ángel de Lucas: generoso maestro de sociólogos", por Antonio Vallejos, en El País, 5 de julio de 2012.

"Un espacio grupalista en el que ideología y crítica profundizan la mirada sociológica". Entrevista a Ángel de Lucas y Alfonso Ortí realizada por Begoña Marugán y Luis Infante. Curso de Praxis Sociología del Consumo en la UCM.

Página web del tristemente difunto curso Praxis de la Sociología del Consumo, con diversos materiales y textos de interés.

"In memoriam" publicados en El País por los miembros de Praxis y la Fac. de CC. Pol. y Sociología.

Elaborada por Javier Rujas Martínez-Novillo
10 de julio de 2012

viernes, 6 de julio de 2012

Ángel de Lucas, generoso maestro de sociólogos

ANTONIO VALLEJOS, en El País, 5 de julio de 2012

"Fue uno de los padres de la disciplina en España

IN MEMORIAM

Ángel de Lucas, fallecido el pasado 27 de junio, fue algo más que mi maestro: el amable maestro del don. Ha muerto discretamente, como vivió.

Fue, quizá suene algo grandilocuente, uno de los padres de la sociología española. En los primeros cursos de Sociología que organizó el rectorado de la Universidad de Madrid, entre 1963 y 1965, se encargó de impartir la docencia de Técnicas de Investigación Social. Allí estaban Tierno Galván, Luis Ángel Rojo, Ramón Tamames, López Aranguren, José Luis Sampedro, por citar solo gente que hoy es reconocida, pero también otros que no lo son tanto: entre ellos, Ángel de Lucas.

También estuvo en esa, como la calificó Alfonso Ortí, “insólita experiencia de libertad” académica que fue la Escuela Crítica que surgió de CEISA, que se había originado, en los últimos años sesenta, con el propósito, como afirma Vidal Beneyto, uno de sus promotores, no de formar los “profesionales que reclamaba el mercado” sino de crear “científicos comprometidos con la transformación y el progreso social”. ¡Cómo resuenan las historias!

Luego, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense, junto con Luis Martín Santos y Jesús Ibáñez, abrió un “pequeño túnel”, por el que transitaron, decía Ibáñez, “los estudiantes más inquietos”. Ahí enseñó hasta su jubilación.

Tuvo un papel protagonista en la algarada universitaria de febrero de 1956. Y en 1962, con motivo de su apoyo a las huelgas de mineros de Asturias, estuvo unos meses en la cárcel. Allí tuvo como compañero de celda a Chicho Sánchez Ferlosio, encarcelado por las mismas razones, y que hizo, no podía ser de otra manera, “no había hombre más lleno de ingenio y gracia”, inolvidable su estancia en Carabanchel. “La Rama Dorada (el libro de Frazer), que lee en Mientras el cuerpo aguante (la peli de Trueba), es mío", me decía Ángel, “jamás me lo devolvió” (y no creo que le importase: “no es lo que un hombre consume y atesora lo que le proporciona un nombre de prestigio”, había escrito Ángel en uno de sus escasos textos publicados, a propósito del “comercio kula” y de las “donaciones recíprocas permanentes”).

El día del fallecimiento de Ángel, mientras recorría solitario las calles de Aranjuez, cuando todo el mundo (media España) estaba en el fútbol y “celebraba” no se sabe bien qué, en estos momentos, una victoria de difícil sentido. Busqué en el teléfono (mi memoria andaba algo trastocada) las Canciones silenciosas o silentes de Valentin Silvestrov (el último disco que le regalé: lo había olvidado). Y con la susurrante y triste voz de un barítono ucraniano estuve paseando. Y me acordé, Ángel siempre lo contaba conmovido, de su desolador paseo recorriendo las calles de Madrid, sin rumbo, al atardecer, el mismo día en que el general Eisenhower era recibido en olor de multitudes por esas mismas calles, con ese luminoso que formaban las luces de las ventanas de la Torre Madrid, “IKE IKE”, saludando no se sabía bien qué, el mismo día en que su maestro, Enrique Gómez Arboleya, se había quitado la vida.

Ángel representa algo de la historia no integrado, algo que no se había disuelto en el miserable curso del presente, algo que se resiste a la historia y que aparece, fantasmagóricamente, como conciencia crítica de la instancia sociológica, tanto académica como profesional, y también del reciente proceso histórico español, por decirlo muy rotundamente.

A Ángel le debo (siento hablar así: él nunca pretendería cobrarme nada ni yo tampoco sentí jamás los lazos de obligación alguna) casi todo lo que soy: el sentir como siento, el pensar como pienso (siendo muy distinto a lo que él pensaba). Siempre fue un ejemplo de generosidad: sabio y humilde.
Antonio Vallejos es profesor de Sociología en la UNED."


OTROS MATERIALES DE/SOBRE ÁNGEL DE LUCAS:

"Ángel de Lucas: maestro de la escucha", por Javier Callejo Gallego, en elpulso.es.

"Ángel de Lucas", por José Luis Moreno Pestaña, en Hexis. Filosofía y sociología (blog).

"Un espacio grupalista en el que ideología y crítica profundiza la mirada sociológica". Entrevista a Ángel de Lucas y Alfonso Ortí realizada por Begoña Marugán y Luis Infante. Curso de Praxis Sociología del Consumo en la UCM.

Página web del tristemente difunto curso Praxis de la Sociología del Consumo, con diversos materiales y textos de interés.

"In memoriam" publicados en El País por los miembros de Praxis y la Fac. de CC. Pol. y Sociología.

lunes, 28 de mayo de 2012

La desigualdad social se dispara en España

Publicado en: http://www.fuhem.es/ecosocial/articulos.aspx?v=9175&n=0



La crisis económica ha disparado el paro en la sociedad hasta unos niveles que no tienen precedentes (5.639.500 de desempleados; 24,44% de la población activa). En el transcurso del último año, el número de desempleados se ha incrementado en 729.400 y el gobierno admite como probable -según las previsiones sobre las que ha presentado la Ley de Presupuestos Generales del Estado- un aumento de 602.800 nuevos parados para el presente año. Todo parece indicar que superaremos en breve el umbral de los seis millones de parados. En la actualidad hay 1.728.400 hogares con todos sus miembros en paro, una verdadera tragedia social. Aunque, por comparación, le pueda ir mejor las cosas a la población ocupada, quien aún conserva su puesto de trabajo tampoco ha salido indemne de la recesión, particularmente ese 34% de la clase trabajadora que se encuentra sumida en la más sangrante precariedad laboral.

Como consecuencia de todo ello se han incrementado notablemente los niveles de pobreza. Casi once millones y medio de personas, el 25,5% de la población, están en una situación o riesgo de pobreza y exclusión social en nuestro país. La Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (INE) señala que 580.000 hogares no reciben rentas del trabajo ni ninguna prestación por desempleo o transferencia de la Seguridad Social (el 3,3% del total de los hogares españoles, un porcentaje que se ha visto incrementado en un 34% desde que comenzó la crisis). Por grupos de edad, la infancia es la que está sufriendo en una proporción mayor los impactos de esta situación.

Esta degradación social apenas la puede amortiguar el sistema público de protección social por las limitaciones e insuficiencias que desde su origen lastran su evolución y que, en la actualidad, se muestran más evidentes tras los ajustes presupuestarios y la reforma constitucional relativa a la limitación del déficit. Recortes y reforma que, unidas a las del sistema de pensiones y a la del marco de relaciones laborales, han provocado un menoscabo sin precedentes de los derechos sociales de la ciudadanía.

Mientras, una minoría se está enriqueciendo con el sufrimiento ajeno. Nuestra sociedad se encuentra escindida. Tenemos una geografía social a dos velocidades. Al tiempo que se deterioran las condiciones sociales de la mayoría, el ingreso y la riqueza se están concentrando cada vez más en menos manos.

El aumento de la desigualdad

La brecha entre la renta de las clases altas y bajas se ha ensanchado paulatinamente en Occidente desde mediados de los ochenta. Datos publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) indican que el fenómeno ha sido casi generalizado. Hasta 2008, la fase de expansión económica sostenida en la burbuja financiero/ inmobiliaria permitió que la cuestión de la desigualdad pasara bastante inadvertida. A pesar de ello, entre 1995 y 2007 -la etapa previa a la crisis– la distribución de la renta mostró claramente una dinámica profundamente desigual. Con la crisis, nos adentramos en nuevo periodo marcado por dos etapas. En los primeros años de la misma, 2008-2009, los sistemas de protección social de los Estados funcionaron bastante bien, y no hubo un marcado incremento de la desigualdad. Pero el escenario ha cambiado en la segunda parte de la crisis, cuando han empezado a entrar en vigor los planes de ajuste.

El desempleo y el deterioro acumulado del poder adquisitivo de los asalariados, ha provocado que las rentas del trabajo pierdan peso en el reparto del valor del producto social en una medida que nos retrotrae a épocas muy lejanas. La información que proporciona la contabilidad nacional del cuarto trimestre de 2011, refleja que la participación de las rentas empresariales en el PIB de la economía española superó el pasado año a la remuneración conjunta de todos los asalariados, culminando un largo proceso de retroceso que se inició hace más de tres décadas.



El aumento de la desigualdad no se debe únicamente a que el capital se apropie de una porción mayor del producto social. Antes bien, el factor clave de la divergencia se explica por lo que está ocurriendo en el interior de las rentas del trabajo. Entre los propios trabajadores se está ensanchando el abismo entre los que más ganan (directivos o “trabajadores capitalistas”) y las retribuciones medias del resto de los empleados. Un directivo de EE UU ganaba 30 veces más que un empleado medio en 1979; hoy alcanza 110 veces. En España esta brecha salarial también se ha manifestado. En el caso español, para el conjunto de las empresas que forman parte del Ibex 35, el sueldo de los ejecutivos mejor pagados supera noventa veces la remuneración del empleado medio. Resulta sangrante que - dado el elevadísimo nivel de desempleo y la contención salarial a la que se ha sometido al asalariado medio- en los últimos cuatro años de crisis las remuneraciones de los miembros de los consejos de administración de las grandes empresas y de los equipos de dirección hayan visto aumentar de este modo sus remuneraciones totales. Y lo que es peor, las remuneraciones estratosféricas de los directivos no tienen conexión con la evolución de los resultados de sus empresas ni tampoco con la remuneración que ofrecen a accionistas y propietarios.

Pero la alta dirección no sólo cobra más, sino que pagan menos impuestos. Otra de las causas del aumento de la desigualdad son las reformas regresivas que el neoliberalismo ha venido realizando continuadamente en el sistema tributario. La evolución del tipo impositivo medio que debe afrontar el 0,1% de los más ricos ha ido disminuyendo progresivamente desde la década de los sesenta en los EEUU, siendo –según Krugman- uno de los principales factores determinantes de la “gran divergencia” en la evolución de la renta de las diferentes clases sociales, rememorando los altísimos niveles de desigualdades de principios del siglo XX (lo que se denominó el período de la Gran Divergencia). En nuestro país, con unos tipos impositivos en el IRPF menores que en los países de nuestro entorno, la tendencia ha sido similar: una disminución progresiva del tipo aplicado a las rentas más elevadas.

En consecuencia, la combinación de la brecha salarial con un sistema fiscal cada vez más regresivo, ha propiciado unos niveles de desigualdad que no tienen precedentes recientes. El neoliberalismo ha resultado ser el camino más corto para lograr en el siglo XXI los peores resultados en materia de desigualdad de finales del siglo XIX.

Ahora bien, la desigualdad en el capitalismo es estructural y no se limita a la renta y a la riqueza. La desigualdad en nuestra sociedad es una desigualdad de recursos y poder, que no se agota en la subordinación de clase, sino que se refuerza con la desigualdad entre géneros, etnias, países, etc.

El colectivo Ioé acaba de realizar el breve informe «Crece la desigualdad en España» a partir de la última actualización de los datos del Barómetro social de España. En dicho informe se ofrecen datos para el periodo 1994-2010 de la evolución general de la distribución de la renta y la riqueza entre los hogares, el endeudamiento de las familias y el desigual reparto del trabajo doméstico y de cuidados entre hombres y mujeres.

sábado, 26 de mayo de 2012

Judith Butler: "Pero ¿qué reivindican? Y ¿adónde van ahora?"


Texto publicado en Viento Sur el 12/05/2012 (original inglés en Scribd).
Desde que apareció al movimiento Occupy en el panorama político, tanto críticos como escépticos no han dejado de preguntar: “bueno, pero ¿qué reivindican?”, y en los últimos meses los escépticos han querido saber si el movimiento ha perdido ímpetu desde que la policía lo ha desalojado de muchos de los lugares públicos que habían ocupado. Examinemos primero la cuestión de las reivindicaciones para pasar luego a la cuestión de adónde va el movimiento Occupy.
Si reflexionamos sobre la citada pregunta apreciaremos hasta qué punto está firmemente arraigada la noción de que los movimientos políticos, si quieren que se les considere “políticos”, tienen que a) estar organizados en torno a una lista de reivindicaciones concretas y específicas y b) aspirar a que dichas reivindicaciones sean satisfechas. Veamos de entrada qué clase de política se caracteriza por tales supuestos y cuál no. En otras palabras, si bien damos por sentado que la política debe proponer una lista de reivindicaciones que pueden satisfacerse, de ello no se deduce que sea correcto dar por sentada esta versión de la política, como hacen sin duda algunos de nosotros. Reflexionemos, por tanto, sobre los elementos que componen este planteamiento escéptico y veamos qué versión de la política asume y promueve. Examinemos además si la clase de política que preconiza Occupy no solo no se ajusta –o se niega a ajustarse– a esta idea de la política, sino que trata activamente de establecer otra distinta. Por tanto, comencemos por dos de los elementos básicos de la postura escéptica: 1) reivindicaciones planteadas en forma de lista, 2) reivindicaciones que pueden ser satisfechas.
 ¿Las reivindicaciones deben plantearse en forma de lista?
Imaginemos que el movimiento Occupy declarara que tenemos tres reivindicaciones: a) basta de desahucios; b) anulación de la deuda de los estudiantes; c) reducción del desempleo. Sin duda, cada una de estas reivindicaciones refleja de alguna manera la naturaleza de Occupy, y está claro que las personas a quienes preocupan estas cuestiones se han unido al movimiento y han participado en manifestaciones presididas por pancartas contra los desahucios, la deuda estudiantil desbocada y la tasa de paro. Por tanto, no cabe duda de que esta plataforma reivindicativa tiene que ver con el movimiento Occupy, pero a pesar de ello sería un error decir que el significado o efecto político del mismo se entiende perfectamente si se comprenden estas reivindicaciones o, pongamos por caso, una lista de reivindicaciones mucho más larga. ¿Por qué? En primer lugar, porque una “lista” es una enumeración de reivindicaciones, pero no explica cómo se relacionan estas reivindicaciones entre sí.
Si uno de los planteamientos políticos principales del movimiento estriba en denunciar y oponerse a las crecientes desigualdades entre ricos y pobres, esta es una realidad social y económica que impregna todas las reivindicaciones específicas que pudiera incluir la lista, pero sin duda no se vería como una reivindicación entre otras muchas. Es decir, ¿con qué lenguaje y con qué acción denuncia uno la creciente desigualdad entre ricos y pobres, en la que los primeros monopolizan cada vez más riqueza y la pobreza abarca una proporción creciente de la población? Este aspecto se pone de manifiesto en todas y cada una de las reivindicaciones de la lista, una lista que podría incluir la denuncia de los recortes de servicios sociales, incluida la sanidad pública; la reducción de las pensiones; la creciente “flexibilización” del mercado de trabajo, que convierte a los trabajadores en una población de usar y tirar; la destrucción de la enseñanza superior pública y asequible, la masificación de la escuela pública primaria y secundaria; las vacaciones fiscales para los ricos; la presión a la baja sobre los salarios y el creciente apoyo del Gobierno a la privatización de las cárceles.
Claro que podemos elaborar esa lista, y también ampliarla e incluso concretarla, pero ninguno de los elementos que la componen puede ayudarnos a explicar qué es lo que aglutina a todos esos elementos que figuran en la lista. Sin embargo, si decimos que cada una de estas cuestiones son un ejemplo de las crecientes desigualdades y diferencias de renta que se derivan directamente de las formas contemporáneas del capitalismo y que todas juntas son la demostración de que el capitalismo se basa en ese tipo de desigualdad económica y social y la reproduce, entonces estamos exponiendo cómo funciona un sistema y, concretamente, cómo funciona el capitalismo en la actualidad: las desigualdades van en aumento y adquieren formas nuevas y devastadoras, y este proceso acelerado de desigualdad no merece la atención de las autoridades estatales e internacionales, que están interesadas en hacer que el capitalismo funcione.
Los escépticos todavía pueden responder: “pero ¿acaso no hemos de impulsar cada una de estas cuestiones por separado para que haya un cambio real en la vida de las personas? Si todos nos pusiéramos a batallar por una de estas demandas, podríamos ir abordando una tras otra, hallando soluciones prácticas para cada una de ellas.” Sin embargo, este punto de vista insiste en que las reivindicaciones pueden separarse unas de otras, pero si hemos de saber qué las relaciona entre sí a fin de aportar una solución a este problema, entonces nuestra política depende de que nos preguntemos por el carácter sistémico e histórico del propio sistema económico.
En efecto, si entendemos cómo las crecientes diferencias de renta (y la acumulación de cada vez más riqueza en manos de cada vez menos individuos y la expansión de la pobreza y marginación a un número creciente de personas) es consecuencia de una determinada organización económica de la sociedad, abocada a generar variantes cada vez más agudas de esta desigualdad, entonces para abordar cualquiera de las reivindicaciones de la lista hemos de tener presente la estructura más amplia de la desigualdad a la que remite cada una de ellas y hemos de reflexionar sobre la manera de cuestionar este régimen económico, en vez de tratar de introducir ajustes menores en su modo de funcionar. Así, si “resolvemos” cualquier problema de la lista sin abordar la reproducción de la desigualdad, y si esa desigualdad se reproduce de maneras cada vez más agudas, entonces la lista no hace más que alargarse, por mucho que intentemos eliminar una de las cuestiones que contiene.
No podemos resolver una forma de desigualdad sin comprender las tendencias más generales de la desigualdad que tratamos de superar. Si pensamos que es preciso desagregar todas las cuestiones, erraremos el tiro y estrecharemos nuestra visión a expensas de la justicia social y económica. Por supuesto, se puede dar la batalla sobre cualquiera de estas cuestiones al mismo tiempo que se lucha por poner fin a la reproducción estructural de la desigualdad, pero esto significa que algún grupo, alguna articulación política, ha de prestar atención a la desigualdad estructural. Si pensamos que existen suficientes recursos dentro del régimen económico vigente para resolver estos problemas, estaremos muy equivocados, pues eso sería suponer que el mismo sistema que ha producido la desigualdad que subyace a todas las cuestiones que se plantean en la lista puede acoger nuestras demandas. Esto me lleva a la segunda presunción que subyace a la pregunta de los escépticos.
¿Las reivindicaciones deben ser tales que puedan satisfacerse?
Esto suena razonable, desde luego, pero quienquiera que defienda que las reivindicaciones deben ser susceptibles de ser satisfechas supone que existe alguien o algún poder institucional al que se puede recurrir para que satisfaga nuestras reivindicaciones. Las negociaciones sindicales que se apoyan en una amenaza de huelga suelen plantear una plataforma reivindicativa que, si se satisface, evitará la huelga, o si no, dará pie a que se convoque o se prolongue. Pero cuando una empresa o un Estado no se consideran un interlocutor válido para negociar, no tiene sentido apelar a esa autoridad para llegar a un acuerdo negociado. De hecho, acudir a dicha autoridad para que satisfaga una reivindicación sería una manera de atribuirle legitimidad. Por tanto, formular reivindicaciones que puedan ser satisfechas depende fundamentalmente de la atribución de legitimidad a quienes tienen el poder de satisfacer las demandas. Y cuando uno deja de formular demandas a esas autoridades, como ocurre en la huelga general, entonces denuncia su falta de legitimidad. Esta es una importante contribución de Gayatri Chakravorty Spivak a la teoría de Occupy.
Sin embargo, si las instituciones existentes son cómplices del régimen económico que depende de la reproducción de la desigualdad y la fomenta, no es posible pedir a dichas instituciones que pongan fin a las condiciones de desigualdad. Semejante petición se negaría a sí misma en el momento de formularse. Por decirlo simplemente, la petición o reivindicación que pretendiera ser satisfecha por el Estado actual, las instituciones monetarias internacionales o las empresas nacionales o multinacionales otorgaría más poder a las mismísimas causas de la desigualdad y de este modo favorecería e induciría la propia reproducción de desigualdad. Por consiguiente, lo que hace falta es otro conjunto de estrategias, y lo que estamos viendo ahora en el movimiento Occupy es justamente el desarrollo de un conjunto de estrategias que apuntan contra la reproducción de la desigualdad.
Tal vez para el escéptico la idea de formular “reivindicaciones imposibles” equivale a abandonar el campo de lo propiamente político. Sin embargo, esta respuesta debería llamar nuestra atención sobre el modo en que se ha constituido el campo de lo político, en el que la posibilidad de satisfacer las reivindicaciones determina su inteligibilidad. Por decirlo de otra manera, ¿por qué hemos de aceptar que la única política que tiene sentido es aquella en la que se formula un conjunto de reivindicaciones a las autoridades existentes y que las reivindicaciones aíslan unos fenómenos de desigualdad e injusticia de otros sin que veamos ni tracemos ningún vínculo entre ellos? Salta a la vista que la limitación de la política a una lista de demandas que pueden ser satisfechas restringe el campo de la política a los sistemas electorales contemporáneos, que se basan en el supuesto de que todo cambio radical del régimen económico no es negociable. Todo lo que se negocie, toda reivindicación que se satisfaga, no afectará a lo que no es negociable, a saber, la reproducción de un régimen económico que genera desigualdades a una velocidad de vértigo. Podríamos decir que la política concreta que define la política práctica e inteligible como la elaboración y satisfacción de una lista de reivindicaciones sueltas se somete de antemano a la legitimidad de las estructuras económicas y políticas existentes, y niega el carácter sistemático de la desigualdad.
Como vemos, uno de los métodos principales que utilizan los regímenes de poder existentes para mantener su legitimidad consiste en desacreditar y desechar todas las formas de resistencia política popular que cuestionen su propia legitimidad. Tienen muchos motivos para descalificar en interés propio el movimiento Occupy, tachándolo de “apolítico”. De este modo, tratan de mantener el monopolio sobre el discurso de lo político, intentan, por decirlo de otra manera, definir y controlar el poder del discurso que determinará quién tiene sentido, qué acciones son realmente políticas y quién es “intolerable”, “insensato” y “poco práctico”.
Defensa radical de la igualdad
La revuelta que pone en tela de juicio esas estrategias de autolegitimación nos recuerda que una forma de gobierno o de poder que es democrática depende de la voluntad del demos, del pueblo. ¿Qué recursos tiene el pueblo cuando las instituciones que se supone que le representan políticamente en pie de igualdad y que deben establecer las condiciones para un trabajo sostenible, asegurar la asistencia sanitaria y la educación básicas y garantizar los derechos fundamentales a la igualdad, acaban distribuyendo todos esos recursos y derechos básicos de forma desigual e ilegítima? En este instante existen otras maneras de defender la igualdad, manifestándose todos juntos en la calle o en internet, tejiendo alianzas que demuestren la resonancia, la coincidencia y los lazos más amplios que existen entre todas esas reivindicaciones en la lista de la injusticia contemporánea.
Ningún régimen político o económico puede declararse legítimamente democrático si no representa a la población en pie de igualdad. Y cuando esa desigualdad se generaliza y se considera una secuela inevitable de la vida económica, entonces las personas que sufren esa desigualdad actúan conjuntamente, defendiendo y reclamando la igualdad. Habrá quien objete que la igualdad radical es imposible, pero aunque este fuera el caso –y no hay buenas razones para aceptar esa afirmación sin más–, la democracia sería impensable sin un ideal de igualdad radical. Por tanto, la igualdad radical es una reivindicación, pero no se dirige a las instituciones que reproducen la desigualdad, sino que se dirige a la propia población, cuya tarea histórica consiste en crear nuevas instituciones.
El llamamiento se dirige a nosotros mismos, y es este nuevo “nosotros” que se forma, episódica y globalmente, en cada acción y manifestación. Estas acciones no son en modo alguno “apolíticas”, sino que apuntan a una política que ofrece soluciones prácticas a expensas de la desigualdad estructural. Y nos recuerdan que todas las formas de la política ganan o pierden legitimidad en función de si confieren igualdad a las personas que se dice que representan: si no lo hacen, dejan de representar y destruyen su propia legitimidad a los ojos de la población. Al manifestarse, al actuar, las personas vienen a representarse a sí mismas, encarnando y revitalizando los principios de igualdad que habían sido diezmados. Abandonadas por las instituciones establecidas, se reúnen en nombre de una igualdad social y política, dando voz, cuerpo, movimiento y visibilidad a una idea del “pueblo” que el poder establecido divide y ningunea continuamente.
¿Adónde va ahora el movimiento Occupy?
Entonces, ¿adónde va ahora el movimiento Occupy? Para responder a esta pregunta, primero hemos de saber quién la formula. Y hemos de saber de qué forma se plantea la pregunta. Una cosa está clara desde el principio: no es tarea de los intelectuales plantear esta pregunta ni responder a ella. Una razón es que los intelectuales no tienen el poder de adivinar el futuro y la teoría no puede servir para marcar el rumbo de quienes participan en primera línea como activistas. En realidad, es mejor que dejemos de lado toda esta distinción, pues muchos activistas son teóricos y algunos teóricos también se involucran en formas de activismo que no tienen que ver directamente con la teoría. Lo mejor que podemos hacer nosotros es seguir lo que está ocurriendo realmente, observar cómo moviliza a la población y discernir cuáles son sus efectos.
Lo que vemos en estos momentos, creo, es que el movimiento Occupy tiene varios centros, que sus acciones públicas son episódicas y que cada vez más aparecen nuevas formas de efectividad. Por “efectividad” no me refiero a la formulación y satisfacción de reivindicaciones, sino a la ampliación de las movilizaciones y su extensión a nuevos lugares geográficos. Aunque las elecciones en EE UU acaparan las noticias, está claro que gran parte de la población entiende que sus preocupaciones no se ven reflejadas en la política electoral. De este modo, Occupy sigue marcando el modo en que la voluntad popular aspira a impulsar un movimiento político que vaya más allá de la política electoral. De esta manera sumerge en una crisis todavía más profunda la supuesta “representatividad” de la política electoral. Poco logros podrían ser más importantes que el de demostrar que la política electoral, tal como está organizada actualmente, no representa la voluntad popular, y que su legitimidad misma está en crisis a causa de esta discrepancia entre voluntad democrática e instituciones electorales.
Tal vez lo más importante, de todos modos, es que Occupy cuestiona la desigualdad estructural, el capitalismo y los lugares y prácticas específicas que ejemplifican la relación entre capitalismo y desigualdad estructural. Si Occupy ha llamado la atención sobre formas de desigualdad estructural que afectan a todas las empresas e instituciones estatales, que repercuten negativamente en la población en general cuando trata de satisfacer las necesidades básicas de la vida (alimentación, vivienda, salud y empleo), también lo ha hecho sobre el sistema económico que se basa en la desigualdad y la genera con creciente intensidad. Podemos discutir si el capitalismo es un sistema, una formación histórica, o si sus versiones neoliberales son sustancialmente distintas del capitalismo que criticó Marx en el siglo xix; estos son debates importantes y sin duda el mundo académico debería plantearse abordarlos, pero queda la cuestión del presente histórico del capitalismo, y el propio Marx nos dice que hemos de tomar como punto de partida el presente histórico. ¿Cuáles son los organismos y servicios públicos concretos que hunden a cada vez más personas en un estado de precariedad, las empresas cuyas prácticas explotadoras han truncado vidas de trabajo, los conglomerados sanitarios que se benefician de la enfermedad y se niegan a prestar servicios de salud suficientes, las instituciones públicas que o bien han sido amputadas, o bien supeditadas a la lógica empresarial y al afán de lucro? Aunque pueda parecer paradójico, urge que Occupy actúe episódicamente para denunciar activamente estos focos de desigualdad, destapar su cara pública y su ejemplo y embargar o interrumpir los procesos por los que se reproduce la desigualdad y la creciente precariedad.
Por tanto, no creo que lo único que nos quede sea lamentar la pérdida del parque Zucotti y de los demás espacios de acampada. Puede que la tarea sea emprender ocupaciones como forma de protesta pública, aunque sea episódica y selectiva. Paradójicamente, solo se puede llamar la atención sobre la desigualdad radical poniendo en la picota los lugares en que se reproduce la desigualdad. Esto debe llevarse a cabo en relación con los centros de poder empresarial y estatal, pero también, precisamente, en los lugares de “prestación de servicios”: los centros de asistencia sanitaria que deniegan la prestación de servicios, bancos que explotan a sus depositantes, universidades que se convierten en instrumentos del beneficio empresarial, por citar algunos pocos. Pero si Occupy es episódico, entonces su objetivo no se conoce de antemano, y si ataca el desempleo en un lugar, la carestía de la vivienda en otro y el recorte de servicios públicos en un tercero, entonces genera con el tiempo un sentido de cómo el capitalismo se aloja en instituciones y lugares concretos. Del mismo modo que luchamos contra la desigualdad estructural y un “sistema” que se beneficia de su reproducción, también hemos de fijarnos en los ejemplos concretos en que tiene lugar la desigualdad. Por tanto, si no permanecemos en el mismo lugar, no es cuestión de lamentarlo: si nos movemos, es que estamos siguiendo la pista colectivamente de los lugares de la injusticia y la desigualdad, y nuestra senda dibuja el nuevo mapa del cambio radical.
3/2012

lunes, 30 de abril de 2012

Software cualitativo

Ahí van unos links que he me encontrado y que podrían seros de utilidad:




  • Para análisis cualitativo: RQDA, de los de R (software libre).

lunes, 9 de abril de 2012

El Abecedario de Gilles Deleuze

Cada "letra" puede tener varias partes que no están vinculadas pero son accesibles desde el vídeo...