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martes, 22 de enero de 2013

Curso "En el horizonte de la crisis: nuevas lecturas de Marx y crítica radical del capitalismo"

El curso consta de seis sesiones, algunas de las cuales se realizarán en la Universidad Complutense de Madrid. La primera sesión tendrá lugar el lunes 28 de enero a las 17:00 en la Sala José Gaos, módulo 3C, del Instituto de Filosofía del CSIC, y servirá para introducir los problemas del curso y algunos autores relevantes, así como para establecer su funcionamiento. El calendario completo del curso es el siguiente:

SESIÓN 1 – 28 enero 2013 – 17h.-20h.
El horizonte de la crisis y la nueva actualidad de K. Marx
SESIÓN 2 – 25 febrero 2013 – 17h.-20h.
Tiempo, trabajo y dominación social (M. Postone)
SESIÓN 3 – 25 marzo 2013 – 17h.-20h.
Nueva lectura de Marx en Alemania I: las contradicciones del capital (Heinrich, Wolf, Elbe)
SESIÓN 4 – 29 abril 2013 – 17h.-20h.
Postoperaismo: multitud, imperio, biopoder y trabajo inmaterial (Negri, Hardt, Lazzarato)
SESIÓN 5 – 27 mayo 2013 – 17h.-20h.
Nueva lectura de Marx en Alemania II: teoría y crítica del valor (Kurz, Jappe)
SESIÓN 6 – Junio de 2013 (fechas por confirmar)
Jornada sobre la actualidad de Marx y la crisis del capitalismo a celebrar en la Universidad Complutense de Madrid.

Profesores: Pablo Iglesias Turrión (UCM) Pablo López Álvarez (UCM) Jordi Maiso (IFS-CCHS-CSIC) Eduardo Maura (UCM) César Ruiz Sanjuán (UCM) y José Antonio Zamora (IFS-CCHS-CSIC)



La segunda sesión tendrá lugar el lunes 25 de febrero en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid (Seminario 338 del edificio A, Ciudad Universitaria). En todas ellas la asistencia es libre, aunque la obtención del diploma sí exige matricularse. Podéis encontrar toda la información y los formularios en el siguiente enlace:

http://www.cchs.csic.es/es/content/crisismarx

La dirección del Instituto es: 

C/ Albasanz 26-28
28037, Madrid 
Metro: Línea 5, estaciones Suanzes o Ciudad Lineal, Línea 7, estación García Noblejas. 
Autobuses: 4, 22, 28, 38, 48, 70,77, 104, 105, 109.

martes, 11 de septiembre de 2012

Texto: La ocupación del lenguaje


Eva Vázquez


Actualmente la derecha acapara un inmenso poder político y económico. Pero además de imponer en toda su radicalidad el modelo neoliberal, trata de operar un cambio de mentalidades que lo normalice y con ello ejercer la hegemonía cultural mediante el control de las representaciones colectivas. Este proyecto se sustenta en una campaña sistemática de autolegitimación y descrédito de los argumentos progresistas, en coordinación con la derecha mediática mayoritaria, cuyas estrategias discursivas fundamentales son:

La creación y propagación de conceptos. Propias o prestadas, las nuevas nociones trazan un mapa de la vida pública, sus actores y sus conflictos: competitividad, moderación salarial, dar confianza a los mercados, privilegios (para denominar derechos), copago. Se exponen como verdades incuestionables pero su sentido y alcance nunca se explicitan, pues parecen lograr mayor eficacia práctico-política cuanto menor es su precisión semántica. Por ejemplo, “libertad” asume un significado muy cercano a “seguridad”. El eslogan de la BESCAM en Madrid lo ejemplifica: “Invertir en seguridad garantiza tu libertad”. Como en la “neolengua” de Orwell, las nuevas nociones son a menudo “negroblancos”, inversiones del significado común de los vocablos. El “Plan de Garantía de los Servicios Sociales Básicos” es el programa de recortes del gobierno de Castilla-La Mancha. El “proceso de regularización de activos ocultos” de Montoro es una amnistía fiscal. Klemperer narra que la población alemana no hizo suyo el lenguaje de los nazis a través de sus tediosas peroratas, sino por medio de expresiones repetidas de modo acrítico en los contextos de la vida cotidiana. Las palabras de los actuales líderes de la derecha no son menos letárgicas. Sus muletillas (“no se puede gastar lo que no se tiene”; la sanidad “gratuita” es insostenible; solo nosotros tenemos “sentido común”) contrarían cualquier prueba de verdad o validez normativa: el capitalismo financiero se basa en el crédito, o sea, en “gastar más de lo que se tiene”; la sanidad pública no es gratuita, sino financiada colectivamente; y es una inversión ideológica y un dislate suponer que cabe sentido común en el hecho de reclamarlo como propio y exclusivo, es decir, como no común. Pero por su simpleza, su fuerte arraigo en la doxa y su apariencia no ideológica, tales expresiones consiguen adhesión.

La usurpación de la terminología del oponente. Nadie es dueño del lenguaje, pero las expresiones se adscriben legítimamente a tradiciones, relatos e identidades políticas determinadas. Al usurpar los términos de la izquierda, la derecha neutraliza y a la vez rentabiliza su sentido contestatario. Esperanza Aguirre afirma que las políticas de los sindicatos “son anticuadas, reaccionarias y antisociales”. Palabras como “cambio” o “reformas”, antes vinculadas a proyectos progresistas, disfrazan ahora contrarreformas. Rajoy dijo en la conmemoración oficial de la Constitución de 1812: “Los gaditanos nos enseñaron que en tiempo de crisis no solo hay que hacer reformas, sino que también hay que tener valentía para hacerlas”. Sustentándose en la reputación de espacios y tiempos institucionales, los actuales recortes se invisten del valor simbólico de reformas históricas.

La estigmatización de determinados colectivos. Médicos, enseñantes, funcionarios, estudiantes y trabajadores fijos son descalificados. Al disfrutar de supuestos “privilegios”, parecen co-responsables de la situación actual. Desprestigiándolos se puede activar un malestar social basado en el rencor, la envidia y el miedo, y socavar la reputación de lo público para justificar su liquidación. Se alude a los desempleados como beneficiarios de la reforma laboral, pero se les supone holgazanes que deben redimir su inutilidad con labores sociales. Un empresario farmacéutico, Grifols, propone como solución donar sangre: “En épocas de crisis, si pudiéramos tener centros de plasma podríamos pagar 60 euros por semana, que sumados al paro son una forma de vivir”. El parado se convierte así en un desecho cuyo cuerpo puede ser mercantilizado. El siguiente paso podría ser la venta de órganos o de los hijos a los que no se pueda mantener. Los primeros ajustes en la sanidad pública penalizan a un nuevo apestado, el enfermo, lo señalan como causante del déficit, y exigen que (re)pague por su debilidad. Si la estigmatización es el paso previo a la expulsión, como ya ocurre con los sin papeles, otros muchos colectivos podrán ser excluidos.

Un método de argumentación basado en la simpleza y la comprensión inmediata. De nuevo, el “sentido común”, ritornellofavorito de Rajoy, sustenta este procedimiento. Formas de razonamiento y esquemas mentales al alcance de todos hacen posible que las ideas y soluciones impuestas sean aceptadas como conclusiones propias, expresiones de un pragmatismo irrefutable y del interés colectivo. Se apela así a espacios imaginarios de consenso de los que el oponente no puede autoexcluirse: “No es una cuestión de izquierdas o de derechas, sino de sentido común”, afirma Alicia Sánchez-Camacho. El eufemismo, la atenuación y la exageración, el defender premisas contradictorias, se han normalizado en el repertorio retórico derechista: Rajoy afirma que hará “cualquier cosa que sea necesaria, aunque no me guste y aunque haya dicho que no la iba a hacer”. La reducción de profesores interinos “no se puede plantear en términos de despidos —alega el ministro Wert—, sino de no renovación de contratos”. Beteta generaliza burdamente: los funcionarios “deben olvidarse de tomar el cafelito, deben olvidarse de leer el periódico”.

La construcción de marcos de sentido. La acción del gobierno de Zapatero era tachada de improvisada, mendaz e insensata. Establecido ese marco, cualquier medida gubernamental corroboraba la imputación general y así se lograba una incontrovertibilidad que desconocen las fórmulas dialogantes. En el espacio público se tiene más poder cuando se controla el marco de lo decible y discutible. La derecha es magistral utilizando esta estrategia, pero tras una prolongada degeneración de la vida pública, de la que el PSOE es corresponsable, se ha consolidado una visión consensual indistinta de la lógica del sistema: no hay más que una realidad y ninguna opción para interpretarla.

Una táctica de “orquestación”. La reiteración machacona de una consigna (y no de un argumento, como sugiere la equívoca noción de “argumentario”) a varias voces, en momentos y lugares distintos, es habitual: “los interinos han entrado a dedo”, “los sindicatos viven de las subvenciones”, “los profesores trabajan poco”, etcétera. “Lo que digo tres veces es verdad”, afirmaba el Bellman de Lewis Carroll. La derecha saca partido de esa “performatividad” que rige la economía de los enunciados públicos: cuando un comportamiento es reiteradamente reputado de normal, se tiende a normalizarlo; o a estigmatizarlo, si se le ha tildado repetidamente de anómalo.

La fijación de estos mecanismos gracias al poder amplificador de los media. Los medios funcionan como laboratorios discursivos que difunden las nuevas expresiones y consignas, y los asesores preparan declaraciones inmediatamente traducibles a un titular. Inversamente proporcional al impacto de estos mensajes resulta la capacidad de contestarlos: los análisis críticos se disuelven en un aluvión de artículos, columnas y editoriales que logran una difusión e influencia mucho menor.

La moralización del discurso público. La política contemporánea se desvía hacia un registro moral, explica Rancière. Pero el moralismo de la derecha desconoce las razones del otro: bueno o malo, normal o aberrante, son calificativos atribuidos de modo categórico y sin margen de discusión, apropiándose la universalidad de la noción en disputa, como señala Zizek. Las “personas normales, sensatas…, españoles de bien” a que apela Rajoy son indudablemente de derechas. Cuando encubre su integrismo moral la derecha incurre en la paradoja política: Ruiz Gallardón pretende asumir la defensa de los derechos de las mujeres y la lucha contra la “violencia estructural” que padecen con una contrarreforma de la ley de aborto limitadora de derechos y que refuerza la violencia legal. Muchos ciudadanos nos sentimos justamente indignados por lo “descarado” de estos procedimientos. Y quizá sea en esa desfachatez, pérdida del rostro, donde podría cifrarse tanto su fragilidad como la inquietante capacidad de contagio de sus postulados.

Gonzalo Abril (UCM), Mª José Sánchez Leyva (URJC) y Rafael R. Tranche (UCM).

martes, 22 de mayo de 2012

sábado, 12 de noviembre de 2011

Ratio S80/S20 (Eurostat): indicador de la distribución de los ingresos

Acabo de descubrir este indicador que ofrece Eurostat en su Encuesta sobre Ingresos y Condiciones de Vida (SILC), que mide la diferencia en la distribución de ingresos dentro de una población haciendo la ratio entre su quintil (20% de la población) con más ingresos y su quintil con menos ingresos. El resultado es el número de veces que los ingresos del 20% que más ingresa multiplican los del 20% que menos ingresa. Os saco la serie histórica, porque la evolución es significativa (particularmente en España con la crisis):


Aquí en modo curvita, con menos países, para que sea más visual:



viernes, 27 de mayo de 2011

Para entender fácilmente la crisis

Un pequeño vídeo bastante instructivo sobre la crisis económica en España.
'De la Burbuja Inmobiliaria a la Crisis', por Aleix Saló: