martes, 19 de junio de 2007

* Los Lagartos y Zaratustra


A pesar de lo que parece, no centro el relato en Zaratustra, sólo aprovecho este personaje -que tiene un gran poder simbólico- para aportar una nueva mirada en la que lo importante no es el nombre del protagonista sino el hecho de que sea un niño. El otro elemento es el cuadro de Escher (“Espejo Mágico”) que ha sido la verdadera fuente de inspiración.
Adopto un lenguaje metafórico parar describir la transformación de la perspectiva.


Y "Zaratustra convertido en niño se echó a andar", con la admiración de quién ve el mundo por primera vez, sin la   necesitad de los ojos de las leyes ni las prótesis de los métodos, y solo así, miró a los lagartos y se maravilló de lo que vio.
Pero pronto, cuando en la experiencia aunó certezas, se sintió capaz de predicar a los que en su corazón guardan la desconfianza, y su discurso fue tan coherente que les envolvió a todos como una brisa de la que no podía esperarse más gozo. Sobre estas palabras y sobre esta emoción se erigieron castillos y castas enteras.

Zaratustra adulto, supo que la línea con la que antaño había dividió el espacio ya nunca se quebraría. Así fue, pues aún cuando se descubrió que ésta no existía, aun entonces, se respetó, porque ésta era el principio del orden. Llegó un momento en que la experiencia era tanta, los métodos tan refinados y las voluntades tan doblegadas, que ya no fue necesario beber ni comer, sino que todo cuanto podía sentirse ya había sido sentido. 
Zaratustra abrió la caja en la que guarda a los lagartos y la visión le cegó, no solo ya no era hermoso lo que veia, sino que la visión era insoportable, áquello que estaba ante sus ojos no podía ser real, sin embargo, los lagartos seguían igual que siempre, ¿Acaso era Zaratustra el que había cambiado con la edad? La duda le bañó el rostro en esquirlas de sudor frío, a sus pies los castillos cayeron sobre sus cimientos y el orden se diluyó en una espiral de humo y silencio. Entonces comprendió que aunque pudiera encerrar en una caja toda la belleza del mundo nunca podría comprenderla, tras esta iluminación murió.
Sobre las ruinas y el silencio nació un niño, apenas amaneció se echó a andar guiado por una nueva mirada. En su camino se topó con una extraña caja que contenía un universo, tras liberar a los lagarto sonrió.
Christian

2 comentarios:

Daniel Caballero Gutiérrez dijo...

Un gran trabajo, resulta muy agradable leer de vez en cuando algo un poco más ameno con un tono más lírico, que, aunque parece que no dice nada dice mucho.
Este tipo de entradas le quitan un poco de densidad al blog que, amigos mios, pese a que resulta muy interesante también es bastante espeso.

En el cuento subyace la arbitrariedad, la construcción del mundo que realizamos, la naturalización y la objetivización de la realidad.

También rescato la enseñanza de que no debemos perder nuestra capacidad de asombro, sigamos asombrandonos, seamos como un niño que se pasa el día preguntando el por qué de todo.
Demos cuenta de nuestras contradicciones, de aquello que inmperceptiblemente determina nuestra mirada, nuestro pensar, nuestro sentir y nuestro hacer. Demos cuenta de todo ello, y tal vez, en ese intento seamos aunque solo sea un poco, más sabios y más libres.

Javier Rujas dijo...

ole, ole y ole